Porque todos tenemos derecho a la vida

La ciudad y los huecos

Parte de la Cultura Vial que identifica a una ciudad o a una comunidad es el entorno y sus características físicas. Calles y carreteras adecuadas para el tránsito de vehículos y personas, con sistemas de arquitectura hidráulica que permitan las correntías de las aguas lluvias sin aposarse, con suficientes señalizaciones distribuídas técnicamente, visibles y cuidadas, con amplitud en el espacio y fluidez en el tráfico son signos de Culturas Viales que propenden por el respeto a la vida.

Por el contrario, comunidades o ciudades con calles empobrecidas por los huecos, con parches mal cuidados, desaguaderos tapados, señalizaciones deficientes y descuidadas, con vehículos hacinados que no transitan, son sinónimos de Culturas Viales que no valoran suficientemente la vida y la interacción entre los diferentes actores: conductores, peatones, autoridades.

Una ciudad puede comenzar por pequeños microespacios, zonas delimitadas con calles y vías de las características mencionadas en primera instancia que se vuelvan modelos para el resto de ciudad y hacer una inversión paulatina, secuencial y sectorizada para tener coberturas de cien por ciento de la ciudad o localidad en unos años. Estas inversiones en infraestructura deberán ir acompañadas de programas de gestión social con las comunidades y vecindarios que faciliten que el inmobiliario y las dotaciones se conserven y sean sostenibles en el tiempo.

Con pequeños modelos de ciudad que en espacios limitados muestren cómo funciona una Cultura Vial que protege la vida, comenzando por la infraestructura física y las relaciones de los vecinos y usuarios con la misma, es posible visibilizar un cambio en beneficio de todos, pobladores, vecinos, conductores, peatones, niños, adultos y ancianos.

En las ciudades los huecos son barreras, pero a veces son reguladores del tráfico en algunas calles locales que de lo contrario aumentarían los índices de accidentalidad por exceso de velocidad. Lo ideal es que estas barreras no sean naturales (los huecos), sino artificiales y técnicamente dispuestas para que cumplan su cometido y preserven la seguridad e integridad de vehículos y personas que transitan cotidianamente por los espacios de movilidad.

¿Qué tal una calle sin huecos, con desagües que funcionen, señalización técnicamente dispuesta, amplio espacio que garantice la fluidez del tráfico y al tiempo la seguridad de peatones y conductores? ¿Una calle o un circuito local que garanticen la preservación de la vida en las vías?

La ingeniería de vías debería tener en cuenta todos estos factores cuando de hacer o reparar calles se trata. De lo contrario, continuaremos poniendo el dinero de los impuestos en barriles sin fondo formando ciclos de nunca acabar, círculos viciosos que nos van a alejar cada vez más de contar con espacios dignos donde la vida sea preservada naturalmente.

No se trata únicamente de poner el parche. Se trata de ponerlo bien.

Guillermo Camacho Cabrera
Correo electrónico: culturasviales@gmail.com
Sitio Web: http://sites.google.com/site/culturasviales/

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