Porque todos tenemos derecho a la vida

MicrofonoVale la pena explorar nuevos enfoques en la información que presentan los medios de comunicación en Colombia frente a los siniestros viales. Con 5.762 personas fallecidas por esta causa y 40.806 lesionadas en 2011, la prensa puede aportar información valiosa a las víctimas, a sus familias y a la ciudadanía en general que aún no se ha visto involucrada en un accidente de tránsito.

Es sencillo hacer un rastreo de lo que publica la prensa alrededor de un accidente de tránsito: los hechos y circunstancias en que se produjo a la luz de lo que se puede ver del accidente; pocas veces se consultan peritos, expertos en el área de seguridad vial y en la del derecho penal, magistrados, jueces, abogados; al personal de salud y a la autoridad en transporte. Los organismos de socorro como policía, bomberos, ambulancias, tampoco son consultados; es decir, el panorama del accidente o del siniestro es mostrado por el periodista y por el medio bajo los supuestos que ofrece el hecho en sí, con pocas conclusiones y aportando lo que el periodista sabe y ve pero desaprovechando su capacidad de ofrecer nuevos temas y nueva información alrededor del accidente.

Los siniestros viales son, junto con todo el drama y el dolor que embarga a las familias y a las víctimas lesionadas, la manera en que el tema se está poniendo en la agenda pública. La aparición de nuevas tecnologías de información y comunicación abren la posibilidad de grabar escenas de la vida cotidiana a través de cámaras de seguridad, los noticieros de televisión colombianos descubren que la crónica roja también es visual y designan periodistas para el cubrimiento de la información judicial que genera la ciudad en la noche, preparada especialmente para sus audiencias de las emisiones matutinas. El accidente se vuelve así espectáculo mediático, show, titular y rating noticioso.

Las víctimas se muestran como personas comunes y corrientes, haciendo perfiles de vida (cuando vale la pena hacerlo, pues no todas las víctimas son noticia), y mostrando muchas veces las consecuencias del accidente especialmente si estas son graves o generan lesiones permanentes que ponen a la víctima en condición de discapacidad. Jamás se habla de la oferta institucional que ofrece la legislación colombiana a las víctimas de siniestros viales y a sus familias tales como el SOAT pequeño pero bienvenido en familias cuya única fuente gruesa de recursos es cabeza del grupo familiar que resulta lesionada o que muere.

De acuerdo con Laverde, M. (2010), en su estudio “Reclamaciones al SOAT por muerte e incapacidad permanente ocasionadas en accidentes de tránsito, consolidado 2007, 2008 y preliminares 2009 y 2010”, publicado por la Cámara Técnica del SOAT y Fasecolda, citado por Ricardo Gaviria Fajardo en su estudio “El Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito” (Fasecolda, 2011):

“algunos familiares de víctimas no tienen información completa sobre los derechos que les asiste en caso de accidentes de tránsito. Por ello, algunos sólo reclaman la cobertura de muerte, otros la cobertura de gastos funerarios y un porcentaje cobran las 2 coberturas, como debe ser. Según el estudio de reclamación en muerte e incapacidad permanente de Laverde (2010), para eventos ocurridos en el año 2007 se presentaron en total 6.176 víctimas de accidentes de tránsito por las cuales se pagó con cargo al SOAT. Sin embargo, el 62% de los familiares de dichas víctimas reclamaron ambas coberturas, el 26% sólo reclamó la cobertura de muerte y el 12% sólo lo hizo por la de gastos funerarios”.

Tampoco se aboga desde las agendas que imponen los medios de comunicación por la existencia de entes públicos cuya función sea la de ofrecer y brindar apoyo y orientación a las víctimas de accidentalidad vial y a sus familias, carentes ellas de información, atención en salud mental, atención jurídica y atención económica.

Si se hace un rastreo de noticias de accidentes de tránsito en Colombia, un bajísimo porcentaje de estas hacen alusión a la legislación colombiana en materia de seguridad vial, tanto desde el Código Nacional de Tránsito como desde el Código Penal, lo que aumenta en la población la sensación y la percepción de que la impunidad es mayor que el cumplimiento de la Ley. Hablar de la norma en la información sobre seguridad vial es un factor clave para que la ciudadanía conozca sus derechos y sus obligaciones.

Sería interesante que las audiencias tuvieran acceso a información preventiva en materia de seguridad vial en forma de reportajes, crónicas, noticias y otros géneros periodísticos, pues hoy los medios de comunicación muestran el accidente pero no dicen cómo prevenir futuros sucesos en condiciones similares.

También es difícil ver reflejado en los medios de comunicación el apoyo a iniciativas ciudadanas alrededor de la seguridad vial. Los procesos que adelantan grupos organizados de ciudadanos para visibilizar nuevas formas de abordaje de la seguridad vial en las ciudades se reducen a una noticia, a un flash informativo o a un cubrimiento precario de lo que son verdaderos procesos de participación por la seguridad vial. Por esa misma línea va el apoyo informativo a procesos que desde el Estado adelantan algunas agencias oficiales especializadas en el tema.

Entre tanto se siga tratando la información de accidentalidad vial como crónica roja y los medios de comunicación sigan en su papel de trabajar en función de la espectacularidad del accidente y del drama ajeno y lejano de las víctimas, no va a haber cambios tangibles en la realidad de los accidentes de tránsito en Colombia.

Es claro que la responsabilidad de la intervención de la problemática de accidentalidad vial no es únicamente de los medios de comunicación y de los periodistas, pero su contribución a la solución del problema es clave y supremamente importante, como también lo es la de la empresa privada y la de la academia.

Guillermo Camacho-Cabrera
Comunicador social Periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano
Estudiante de la Maestría en Ingeniería-Transporte de la Universidad Nacional de Colombia
Socio del Círculo de Periodistas de Bogotá
www.culturavial.net

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